Filosofía de verano (1 de …)

arena

Hoy he estado limpiando a fondo mi cuarto. Es un rincón atestado de buenos recuerdos. Hubo una época en la que recibía arenas de muchas partes del mundo. Es un souvenir gratuito que convierte una colección en original. Hoy me he estado acordando de toda esa gente que a su vez un día se acordó de mi en sus vacaciones y dedicó dos minutos a coger un poco de arena del lugar donde estuviera.

Madrid en Julio es cómodo. Aparcas en la puerta de casa. Si tu casa da al norte, basta con abrir la ventana por la noche para dormir bien. Además es cómodo para pensar. Casi todos los amigos están fuera o pensando en irse. Les echas de menos, pero más echabas de menos esta manera de recapacitar. Después de un par de días de Jet Lag, vuelvo a tener la mente despejada. Llevo unas semanas pensando que uno es lo que es y lo que siente, más que lo que tiene. Bueno, creo que es algo que ya pensaba, pero que no aparecía tan habitualmente en mis pensamientos más cotidianos.

También creo que aún estamos a tiempo para intentar cumplir nuestros sueños. ¿ Y si no llegan? Al menos lo habremos intentado y no nos quedará ese extraño aliento interior del que no se atreve a hacer las cosas. La mayor barrera es uno mismo. En el fondo todo lo demás en microscópico al lado de las enormes cimas de la exigencia personal.

Es hora de abandonar la zona de confort. Tengo los remos y el barco. El lago es grande pero confío en ver la otra orilla. Pesco unos peces y meto la mano en el agua para comprobar que la temperatura es correcta. Destapo un sombrero y encuentro un elefante. Los magos suelen encontrar una paloma, pero yo no soy  de trucos efectistas.

Filosofía de verano por fascículos. Evidencias clásicas que ayudan a cuadrarse. Porque no todo es mirar adelante en Septiembre. Cimentarme un poco me viene bien.

 

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